Con Paco ocurre como con esas personas que no te esperas. Dos semanas antes había viajado con el coche hasta Cádiz para intentar hablar con un chico que comía en los comedores sociales de la ciudad y que era simpático. No sabía nada más de el. Con las personas que duermen en la calle sucede que nada es como te esperas. Llegué a uno de los comedores situado en el centro de las callejuelas de Cádiz, esto fue hace dos años disculpenme si no recuerdo los nombres, también por prudencia. Alli amablemente la asistenta social que coordinaba el centro me dijo donde solía estar Paco, pidiendo. Allá que me fui preguntando uno a uno hasta dar con un chico que me dijo que a la hora que era estaría comiendo en otro de los comedores de la ciudad, cerca del mecado de abastos, por detrás de la maravillosa plaza de las flores situada frente al edificio de correos. En la puerta del comededor me sorprendió que la mayoría no superaba los 35 años de edad. Al fondo y sin hablar con sus compañeros comensales estaba Paco con el plato de lentejas a punto de subyacer a la cuchara. Gordo, con mirada benévola e inquieto.
Quedamos para el lunes siguiente y comenzar la grabación. Su amigo David, un polaco que presumía de no ser de la calle, a pesar de deambular por alli, hizo me hizo de guía y prácticamente de productor del reportaje.
Donde empieza el video es donde nos encontramos a Paco, soportal del Berska con una salida de aire caliente que le mantenía vivo en un mes de enero gélido. Entre mantas agujereadas y metido en el saco de dormir pasaba esa noche alli. Ayer fue otro sitio y al día siguiente cambiaría. Eso si siempre con Lua, mezcla de pastor aleman y algo raro. Los motivos por los que estaba en la calle son difusos, tampoco me interesaba mucho el porque. Si algo bueno tiene el programa es que no pretendemos juzgar a la gente. El estaba en la calle y punto. Y eso es lo que queríamos ver, como se desenvuelve alguien que no tiene techo.
Todo el mundo en Cádiz le conoce, su caracter afable y bonachon ha hecho ganarse el cariño de aquellos que se lo encuentran por la calle. A la llegada al mercado su buen desayuno, financiado por nosotros, obvio, y a buscar curro. Ya sabía de sobra que era pronto para encontrar algo, pero aún asi y por un botellín busca cambio a los bancos para los puestecitos. El mercado de Cádiz tendría que ser proclamado patrimonio nacional. Si van a Cádiz dense una vuelta por dentro y simplemente afinen el oido. Compren alguna fruta y cómansela dentro observando la de personajes que por allí deambulan. En los alrededores se genera un mercado paralelo de curiosidades variopintas donde puede encotrar de todo. Desde la primera cinta de casette del Fary, hasta una quebrada Nancy.
Al cierre del mercado y como ven comienza a trabajar. Y después una ducha. LLevaban los mendigos de la tacita como un mes sin las duchas públicas que el ayuntamiento tenía habilitadas detras de la plaza de las flores. Tenían que acudir a la playa a ducharse y arriesgar el tipo al agua fría. Nos contaba David, entre caladas de cigarro categóricas mientras se acicalaba nuestro protagonista, que de Paco se reía mucha gente, que lo había pasado mal y que habían intentado quemarlo en un par de ocasiones. La vida se nos antoja frágil cuando conocemos a deambulantes como ellos. La débil línea que separa la aceptación de lo contrario hace templar al más bravo. Cualquiera podríamos estar en la situación de Paco. Y esto hace pensar en la normalización, la integración, lo comunmente conocido. ¿Qué es más normal y quién es ordinario? El que vive postergado a una economía desigual con las preocupaciones de la visa o ese que disfruta tocando la flauta en la calle Ancha. Las frustaciones que nos rodean nos vienen generadas o las creamos nosotros. Paco es feliz así. No piensa en buscar un trabajo, ni formar una familia, no tiene preocupaciones en el caso de que estas lo sean. La falta de responsabilidades exime de ansiedades, intranquilidades, desazones. Al sonido de la flauta nos fuimos Eugenio, Gali, Rafa y yo satisfechos por conocer a otro de aquellos que con una sonrisa lo dice prácticamente todo.